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El carisma lasaliano, don de Dios a la Iglesia, a través de la persona de San Juan Bautista de La Salle, tiene un recorrido histórico de más de 300 años. Su finalidad es procurar educación humana y cristiana a los jóvenes, especialmente a los pobres, según el ministerio que la Iglesia le confía (Regla revisada, n. 3). Con la dedicación de Hermanos y Seglares, hemos servido al Señor, muchas veces en medio de grandes dificultades, educando y evangelizando a los jóvenes. 

En la segunda mitad del siglo XIX empezaron a llegar a América Latina y el Caribe los primeros Hermanos de La Salle. Vinieron con la riqueza de su quehacer educativo ocupándose de la educación básica, profesional, formación docente, desarrollando las ciencias, catequesis, en fin, formando generaciones y generaciones de jóvenes, a través de una educación de calidad, han contribuido de forma significativa en la transformación cultural, social, económica y política de nuestros países.

En el año de 1905 llegaron a México los primeros 5 Hermanos Lasallistas provenientes de su país natal Francia.

Serían en total 188 Hermanos Franceses los que llegaron a colaborar en la educación de México a través de instituciones que muy pronto serían muy prestigiadas. Estos Hermanos franceses pronto cautivaron a muchas vocaciones de jóvenes mexicanos que ingresaron a la congregación y que actualmente suman 272 Hermanos divididos en dos provincias: Norte y Sur.

Actualmente los maestros lasallistas y colaboradores trabajan unidos a lo largo y ancho de la patria, ofreciendo diversos tipos de educación, escuelas, colegios, normales, universidades, reformatorios, casas hogar y ahora otras obras creativas fundadas con el apoyo de jóvenes lasallistas voluntarios que trabajan unidos a los Hermanos, comprometidos en diferentes partes de México.